Benoît Mandelbrot decía que había quienes pensaban en fórmulas y quienes pensaban en formas. Donna Calle del Villar, en El mundo ajeno (Alastor Editores, 2026), parece pertenecer a las segundas. “Alma hipotérmica”, “pisos de nubes”, “las orillas esquivas de lo que nunca ha sido”, “corren con la ligereza de una tijera al cortar”. Son imágenes de una poética que busca identidad en un territorio que ella misma llama “preverbal”.
También aparecen palabras muy cargadas de tradición poética. Espejo, memoria, sombra, eco, alma. Shklovski llamaba ostranenie —extrañamiento— a esa capacidad del arte de restituir novedad a lo conocido. En varios pasajes, El mundo ajeno parece moverse en esa búsqueda.
La imaginación implica también otro trabajo, más silencioso, el de la decantación. Hay poemas donde varias imágenes disputan el mismo centro y otros donde una sola línea se sostiene sin mayor acompañamiento. “Mis pies no sostienen el peso de mi cuerpo” presenta esa desnudez. Quizá lo más interesante de El mundo ajeno esté precisamente allí, en una búsqueda nacida en lo preverbal que por momentos encuentra ya un mundo propio.





