El abandono de la inteligencia y la virtud y la entronización de la estupidez y el vicio
Agustín de Hipona pensaba que debían mandar quienes sobresalieran en inteligencia y virtud. What the fuck. No se ha perdido una oveja en el monte. Se perdió el rebaño entero.
Virtud no es simple bonhomía. Es dominio de sí, rectitud, prudencia, principios. En cuanto a lo de inteligencia, hoy me lleva inevitablemente a los PISA. El problema no es que los chicos sean más tontos. Es que ser inteligente dejó de serles una aspiración.
Y pueden permitírselo. El bienestar material ha reducido brutalmente el precio de la mediocridad. Puedes subsistir sin disciplina, sin altas competencias y sin un gran propósito. Puedes vivir en un barril creyéndote Diógenes cuando eres más bien el Chavo del Ocho.
Ahí aparece la apatía. Ser joven debería significar energía. Hambre. Curiosidad. Alguna forma de hybris. Pero construimos una máquina para triturar todo eso. Hiperestimulación dopaminante, recompensas inmediatas, scroll y más scroll. Un despedazamiento atencional que debilita las funciones ejecutivas como sostener una idea, postergar una recompensa, ordenar la conducta, perseguir algo difícil.
Luego viene la niebla mental. Después, la desorientación. Y la desorientación también agota.
La realidad, Bauman mediante, se volvió tan líquida que ahora se puede “farmear aura”. Acumular gestos, poses y pequeñas validaciones para construir una identidad. Parece una frivolidad. No lo es. Es otro síntoma de una época con abundancia de estímulos y escasez de relatos, valores y nortes.
Volvemos a Hipona. Inteligencia y virtud. No elegimos gobernantes en el vacío. Los produce la sociedad que somos. Si dejamos de admirar la inteligencia y dejamos de exigir virtud, no debería sorprendernos terminar gobernados por la estupidez y el vicio.





